El negocio de los p2p

Aún a riesgo de que me pongan otra demanda, quizás los de la Sgae, quizás cualquier otro al que se le cruce el cable, no puedo dejar pasar la ocasión de comentar la noticia de la semana.
Para situar al lector, recomiendo el visionado del vídeo que ha colgado javi en su blog. Merece la pena dedicarle un par de minutos para entrar en situación.

Estaba grabando unas recopilaciones para meter en el coche (el reproductor sólo reproduce cd audio) para escucharlas durante el viaje de semana santa. Mientras tanto, leyendo algo en internet, me topé con la noticia de que han cerrado varias páginas de las que ofrecen enlaces para descargas de redes p2p. En primer lugar llama la atención el baile de cifras y ediciones que ha sufrido la noticia aparecida en “el mundo”. Que si 900.000 euros al mes, que si ahora un millón de visitas, que si mañana dos millones. Que prologo la noticia con algo de pornografía infantil. Que todos presos y condenados. Con el mono naranja y en jaulas, como en Guantánamo.

Se veía venir. La Sgae ha ido escalando puestos en la escala de poderes. Y claro, es que mola mucho hacerse la foto de turno, los de traje y corbata, con el clan Bardém al completo. Animarse en los saraos con la musiquita de Alejandro Sanz y que nos digan, qué progres y qué bonitas son las campañas de la mano de “los artistas”. Lo que pasa es que en España, los favores se pagan, y caros -las constructoras de Marbella seguro que dan buena fé- y si hace falta tirar de canon, se tira.

Es entonces, cuando no me queda más remedio que tornar la mirada al monte y acordarme de Curro Jimenez y los bandoleros, allá en la sierra. Pienso en lo buenos que son los de la Sgae, que hacen cumplir su ley cobrando el derecho de tránsito a la muchedumbre para hacerlo llegar al pobre, el artista que sin ellos estaría desvalido. Y me hace reir. Hace no tantos años apenas la gente si tenía un magnetofón que reproducía cassetes, los más pudientes vinilos. Entonces los artistas actuaban en bailes populares, allá por los pueblos de vete tu a saber dónde, en escenarios improvisados y con pocos medios. Entonces los discos no eran más que un medio de promoción, para que sonase en radios y después tuvieran contratos para las giras de verano. Allí está Peret, Antonio Molina, Manolo Valderrama… Yo no los he visto nunca conduciendo un Ferrari. El artista era su voz.

Fué hace poco, cuando la técnología invadió los estudios de grabación, cuando las discográficas descubrieron el filón. Cuando las actuaciones se empezaron a hacer en playback (Milli Vanilli). Cuando la música pasó a un segundo plano. Mejor puta famosa, que puta desconocida, pensaron algunas. Y hoy en día graba un disco, y quiere vivir de ello toda su vida, cualquiera. Claro, que después, una vez en la cumbre, hay que mantener el nivel de vida. Y comprendo, que si te acostumbras a dar vueltas en canoa todos los días, tiene que ser duro tener que montarte en una furgoneta para ir a cantarles a todos esos delincuentes que te copian el disco. Así que es más cómodo irse de cena con los del traje azul y pedirle unas detenciones y un canon para meter el miedo en el cuerpo -que te prometo que luego salgo en la foto, agarrado a tu hombro y sonriente.

Así están. Que no se aclaran sobre qué es y qué no es cultura. Si es para pagar impuestos, iva del 8%, pero si es para hacerla llegar a todo el mundo, prepara el canon y amplía Alcalá Meco, que se nos queda pequeña. Y no se contentan con los discos, también van a por los libros y las bibliotecas, y como se descuiden, van a pedir derechos por los clásicos. Según dicen, la última voluntad de Homero fué firmar un contrato en exclusiva con Teddy Bautista.

El problema es que estos niñatos viven tan en su mundo de mansiones y rolls, que no se acuerdan de que los pobrecitos delincuentes tienen hipotecas a 50 años que pagar, que la vida está muy cara y que quince euros se pagan por un concierto, por ver a un tío trabajando, por un rato de placer, pero no por el disco que se pilló mi colega el de canarias y que me lo deja para que lo escuche, no nos olvidemos. Si encima, gracias a la política del consumo, casi todo lo que se publica es música de consumo, 3 canciones decentes, el resto del disco para olvidar. A los tres meses, reedición con canción nueva (single número uno en listas) y dvd, para que haya que volver a apoquinar, la gente se lo piensa dos veces antes de aflojar la mosca.

Lo que pasa es que España es un país de pícaros. En el que siempre encuentras a alguien aún más desgraciado que tú. Y lo mismo que se aprovechan los del batín y el traje para contratarlos por cuatro pesetas, para limpiarles la mierda y echar al Españolito a la puta calle, también el pícaro le saca provecho. Los pone a vender cds por los bares, que tienen más salida que las flores, a 5 euros y si uno no lo tengo vengo en media hora y te lo traigo, compadre. Y el otro, engancha y llena la página de banners porno y de casinos, de esos que se ponen sólo para pagar el hosting. Pero claro, llega un momento en el que se piden resultados, y cuesta menos apresar a 4 pazguatos tan torpes de no contratar el hosting en un país con una legislación menos restrictiva, que pasarse un par de meses investigando quien es el que pone la pasta para que el infeliz de turno plante la manta en medio de la acera, no vaya a ser que se tire del hilo demasiado arriba y nos pringue la mierda a todos. Como en Marbella.