Málaga Freak: El mocito feliz

Hace unos días, Javi Moya escribía en su blog acerca de un personaje que está entrando en la élite de los denominados Freaks televisivos: El Mocito Feliz. Mi escritura hunde sus raíces en la escuela de Hunter S. Thompson (I, II), de Bukowsky (I, II) y de Ernest Hemingway (I): Vivir y transplantar. Por eso, nada mejor que transcribir los recuerdos de una conversación surgida de improvisto una soleada mañana de Domingo en la última fila del autobús que cubre el trayecto entre La Cala del Moral y Málaga.

Es mediodía y el sol arrea con fuerza sobre mi cabeza pese a lo avanzado del mes de octubre. La desierta parada de autobús no proporciona sombra alguna bajo la que resguardarse del calor, por lo que la llegada del autobús es un alivio para mí. Desde mi observatorio en la última fila del autobús veo acercarse a un hombre que saluda animadamente al conductor y los pasajeros. Conforme se acerca a mí reconozco su rostro y tras un cruce de miradas lo tengo sentado junto a mí. Es el Mocito Feliz.

El mocito es un hombre alegre. Allá donde va, lleva dibujada bajo su cerrada barba una sonrisa abierta y franca. Sus facciones son blandas y afables y su cuerpo rechoncho le dan una apariencia paternal. Con una barba blanca encajaría en el perfil de Papa Noel con niños acomodados sobre sus piernas sentado en unos grandes almacenes. Allá donde vaya, siempre le acompañan sus periódicos, sus estampas y su túnica; sólo los días especiales se pone traje. Aquel día, ambos teníamos una severa resaca: el Mocito Felíz venía de ver actuar a La Pantoja y yo había estado celebrando mi cumpleaños. El Mocito aún se alegró más cuando al sentarse a mi lado lo reconocí y lo saludé como el Freak-Star que es. Me confesó que iba hacia su casa a grabarse en el gente, que le encanta salir en la tele.

-Yo hablo con el de la cámara para que me saque bien. La rubia de la primera luego dice que soy el pesao de siempre, que parezco la mosca de la tele, pero a mi me da igual.-Afirma el Mocito con una sonrisa.

-¿Y dices que se me vió en Pamplona?¿Y en Bilbao?- El entusiasmo del Mocito aumenta cuando le cuento que en el tomate se le vió bien hermoso detrás de los Rivera-Ordoñez. Pronto cambia el gesto cuando le pregunto por Crónicas Marcianas: No hay palabras pero su expresión lo dice todo. La telebasura, esa enorme maquinaria que engulle, levanta y arrasa todo lo que encuentra a su paso también lo atropelló a él. Cuando le cuento que se le vió en Canal Sur por el Digital, vuelve a sonreir. -La Pantoja hizo un mal gesto. Me despreció. Volveré a ir a verla, porque la quiero mucho. Me pondré un traje e iré bien vestido. Si así no me atiende, no volveré jamás a mirarla ni a la cara. Los artistas no quieren a nadie a su alrededor que les haga sombra, ni que les robe una cámara. Yo quiero salir a cantar.- El Mocito Feliz prosigue su discurso. Me comenta sus próximos proyectos y prosigue su charla minutos más tarde, mientras me acompaña caminando por el centro para recoger mi coche.

-Yo soy fiel a los míos. Yo siempre cuando voy a salir en la tele voy con mis periódicos que es lo que me da de comer. También me gusta ir al centro, allí me conocen todos (así fué como lo conocí yo hace 3 años) y allí vendo mis periódicos. Me comenta mientras me dedica una estampita. -¿Me haces un favor? Me pregunta el Mocito. ¿Me podrías acercar con el coche hasta mi casa?. Así luego cuentas que has llevado al Mocito Feliz en el coche…-Me pide mientras esboza una amplia sonrisa.

-Por supuesto, Mocito-Es imposible resistirse. Y prometo que te pongo un artículo en Internet.